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Sobre adoptar a un animal

La adopción de un animal es un acto humanitario y muy gratificante, pero debe ser una decisión responsable, meditada y acordada por todos los miembros de la familia. Lo primero que debes tener en cuenta, es que estamos hablando de vidas. Vidas que han sido abandonadas y/o maltratadas, que tienen necesidades y conllevan una enorme responsabilidad durante muchos años.

Te planteamos una serie de preguntas para ayudarte a meditar sobre si estás preparado para la llegada de un animal a tu vida.

¿Tienes tiempo? Los animales tienen necesidades básicas. Al igual que nosotros, necesitan evacuar, relacionarse, desfogar y sentirse queridos. Los perros deben salir a hacer sus necesidades varias veces al día y absolutamente todos los días, aunque sea festivo, haga frío o llueva. Necesitan relacionarse con otros animales, correr y jugar diariamente. También, requieren atención, tanto afectiva como física y psicológica. Un animal no puede pasarse el día solo en casa, no perdona ninguna salida y, definitivamente, no puede vivir sin atenciones. Un animal ocupará gran parte de tu tiempo. Párate a pensar si tus hábitos de vida son compatibles con esta responsabilidad.

¿Puedes permitírtelo económicamente? Por muy importante que pueda ser, los animales no viven del cariño. Necesitan comer, tener sus accesorios y, sobre todo, atención veterinaria. Un animal es un gasto extra en el hogar, y puede ser bastante elevado si nuestro animal enferma o tiene un accidente. Hay que ser consciente de ello y estar preparado para asumirlo.

¿Asumes los problemas que pueda ocasionar? Aunque en muchas ocasiones puedan parecer más humanos que animales, nunca dejarán de ser lo que son. Animales que por edad, estrés, falta de atenciones y un sin fin de supuestos, pueden destrozar muebles, romper bienes preciados, ensuciar, soltar pelo, ladrar y tener cualquier comportamiento no deseado. Necesitan compresión y educación. La paciencia es la mejor amiga de los propietarios de animales.

¿Y en vacaciones? Uno de los mayores motivos por los que los animales son abandonados, es el qué hacer con ellos en vacaciones. Cuando adoptas a un animal, debes entender que pasa a formar parte de tu familia. Y por tanto, debes hacerle partícipe de tus vacaciones. Si es imposible que el animal te acompañe, antes de adoptar, piensa dónde y con quién podrías dejarle en tu ausencia.

¿Estás preparado/a para asumir esta responsabilidad durante muchos años? Un animal sano tiene una esperanza de vida de entre 12 y 16 años. Algunos incluso pueden vivir más de 20. Debes ser consciente de que un animal es para toda la vida de éste. Debes cuidar y mantener la responsabilidad para con él durante todos los años que te acompañe.

La llegada de un animal a casa es un acontecimiento precioso, único y supone un cambio importante en nuestra vida. Seguramente, será uno de los momentos que recuerdes con más cariño de tu vida.

Puede que al llegar a casa se muestre tímido, llore o no se deje tocar. No te preocupes. Hay que darles tiempo. Déjale explorar todas las habitaciones, que lo huela todo y que se extrañe una y otra vez de todos esos sonidos y muebles raros que acaba de conocer por primera vez. Obsérvalo, disfruta de su instinto y no le agobies demasiado con caricias y achuchones, aunque te mueras de ganas de hacerlo.

Tras haber inspeccionado su nuevo hogar, puedes enseñarle las zonas de ocio y descanso. Lo ideal es preparar el hogar y sus cosas antes de su llegada. Enséñale dónde está su camita, y cuál será su lugar para comer y beber.

Designa un espacio para hacer sus necesidades por si hubiera algún imprevisto. Los perros adoptados se adaptan con facilidad y se amoldan rápidamente a la rutina de sus dueños, no tendrás ningún problema en enseñarle a hacer sus necesidades en la calle. A no ser que adoptes un cachorro, en este caso, tendrás que habilitar un espacio para que haga sus necesidades mientras aprende a hacerlas en la calle.

Ten en cuenta que muchos perros abandonados no han vivido nunca en un hogar. Evita los accidentes y coloca fuera de su alcance los productos de limpieza, los cables, las plantas y cosas a las que tengas cariño y no quieras que rompa. Cuidado con dejar la comida encima de la mesa. Más adelante le enseñarás cómo comportarse, pero de momento es preferible adelantarse a los problemas y crear un entorno seguro para ambos.

La rutina será tu mejor aliada y sobre todo la de tu perro. Establece rutinas acorde a tu ritmo de vida, respétalas para que tu perro sepa cuando comerá, cuando hará sus necesidades y cuando jugará.

Enséñale las buenas costumbres desde el principio y no esperes a que desarrolle malos hábitos para luego corregirlos. Sé coherente y paciente. Si no quieres que se suba al sofá, acostúmbralo desde el principio a dormir en su camita y a respetar la “zona prohibida”. Utiliza premios para enseñarle y la educación se convertirá en un momento divertido que estrechará vuestro lazo afectivo.

Enséñale a esperar antes de comer o salir a pasear, a pararse cuando se lo pides, a acudir a la llamada, y no te olvides de su nombre. Él todavía no sabe cómo se llama. Si ya tiene un nombre, no pasa nada: si te gusta lo mantienes y, si no, se lo puedes cambiar.

IMPORTANTE: No dejes sin correa a tu nuevo amigo hasta que estés completamente seguro de que obedece a la llamada, y siempre en sitios seguros.

Un perro que ha tenido la casa y familia solo para él, no puede acoger de un día para otro a otro perro en su hogar, y puede sentirse muy incómodo al tener que compartir la atención de su familia.

Antes de presentar a tu nuevo amigo, habilita la zona de tu perro veterano con sus cosas (comedero, juguetes, cama, etc.) y habilita otra zona para el recién llegado. Una invasión de “sus cosas” podría desencadenar una reacción agresiva, incluso si no ha demostrado este comportamiento en el pasado.

Intenta que la presentación se lleve a cabo en un terreno neutral, como puede ser un parque. Nunca debes presentarlos en casa. De lo contrario, tu primer perro puede sentirse invadido. Cuenta con otra persona para hacer las presentaciones. Cada uno debe traer un perro por separado al lugar de reunión. Permitidles que se huelan, que se conozcan, que se analicen. Dejadles sueltos y relajados (y vosotros más que ellos, que la energía se contagia).

Dos perros adultos pueden pasar por un largo ritual de posturas, olores, roces e incluso orinar sin parar. No te preocupes si tu perro gruñe o trata de dominar al “nuevo”. Tienes que intentar que establezcan su relación con la mínima intervención humana posible. No fuerces la situación. Si no quieren interactuar, déjales a su aire. Deben hacerlo por iniciativa propia.

Este encuentro inicial debe ser breve. A continuación, lleva a tus perros a dar un paseo. Los paseos estrechan lazos. Si tienes varios perros, preséntalos cada uno por separado.

Tu perro debe entrar primero en casa sin correa, pero el nuevo debe dejarse con correa y se le permitirá explorar la casa. Si el primer perro parece cómodo y acepta, podrás soltar al nuevo.

Durante las primeras semanas, debes estar siempre atento a las interacciones entre ellos. No los dejes solos juntos hasta que estés seguro de que se sienten cómodos el uno con el otro.

Es común, desde siempre, pensar que los perros y gatos son enemigos naturales. La tele, los libros, los dichos populares, etc., nos han transmitido toda la vida esa supuesta rivalidad que hay entre ellos.

Nada más lejos de la realidad. Los gatos y los perros pueden convivir perfectamente, en armonía, y convertirse en grandes compañeros. Es muy común que cualquier perro ladre o intente perseguir a los gatos en la calle. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, cuando ambos animales están dentro de un hogar, la cosa es totalmente diferente.

Aun así, no debes olvidar que ambos son depredadores y grandes cazadores, y que poseen fuertes instintos que en ocasiones no se pueden reprimir. Antes de dar el paso, debes comprobar, en la medida de lo posible, la reacción de tu peludo frente a la otra especie (con las mascotas de amigos, por ejemplo). Así sabrás a qué atenerte.

Siempre será más fácil conseguir la convivencia entre cachorros. O bien entre adulto y cachorro. Sin embargo, los animales adultos también puede aceptarse entre ellos.

A continuación te facilitamos unas sencillas pautas para comenzar la relación canina-felina.

  • Durante los primeros días (o semanas, según evolucionen), deja a los animales en lugares separados. Es importante que no tengan contacto visual. Solo debes dejar que se huelan a través de la puerta. Si el perro se pone muy nervioso e intenta entrar (rascando la puerta o ladrando), corrígele. Deben olerse, pero con tranquilidad. La curiosidad es buena, pero sin ansiedad.
  • Poco a poco, los animales se irán habituando al olor de cada uno. Es recomendable que amplifiques los olores. Por ejemplo, puedes coger una toalla y frotar bien al gato, impregnando su olor en ella. Llévasela al perro para que pueda olerla, e incluso puedes dejársela en su cama para que, mientras duerma, también sienta su olor. Puedes seguir el mismo procedimiento al contrario.
  • Ponles de comer delante de la puerta, de manera que queden enfrentados, pero con la puerta como barrera. Por encima de todo, deben asociar el olor del otro con cosas muy buenas.
  • Antes de presentarles, saca al perro a dar un largo paseo. Es recomendable que se encuentre cansado antes de conocer al gato para controlar mejor su comportamiento. Asegúrate de que ha comido antes de la presentación, y de que se encuentra calmado.
  • Para el primer contacto, es aconsejable que el gato esté dentro de un transportín y que el perro esté atado para evitar desgracias. Déjales olerse. De nuevo, corrige al perro si muestra demasiada ansiedad, y prémiale muchísimo si se muestra calmado. Utiliza juguetes y juegos para distraes su atención y que no se centro en el gato. Repite este procedimiento varias veces al día, durante varios días, en encuentros de no más de 10-15 minutos.
  • Llegó la hora de la verdad. Jamás, JAMÁS, presentes al gato en brazos. Será nefasto tanto para ti, como para ellos. Con el perro atado (con bozal si todavía no lo tienes claro) y previo corte de uñas del minino, deja salir al gato del transportín y asegúrate de que dispone de sitios altos donde pueda ponerse a salvo, fuera del alcance del perro. Lo ideal es que se ignoren el uno al otro, pero si muestran curiosidad, repite el procedimiento de siempre: corrige al perro si muestra un interés peligroso, y prémiale en exceso si se encuentra tranquilo. Si el perro está calmado, dale golosinas cuando el gato se encuentre cerca (si, y solo si, el perro se muestra tranquilo) para potenciar que lo relacione con algo estupendo. De nuevo, utiliza juegos para redirigir la atención del perro y que no se centre solo en el gato, sobre todo si es el gato el que inicia el acercamiento. Es importante que, además de algo positivo, lo vea como algo cotidiano que forma parte del hogar.
  • Es de suma importancia que, durante todo el proceso, te encuentres calmado, con una energía tranquila y hables siempre con voz dulce y suave. Si te pones nervioso, ellos también.
  • Desde el principio, puedes utilizar ciertos productos, como Feliway (http://www.feliway.com/es/), que vienen muy bien para tranquilizar a los gatos ante situaciones como estas.

Aunque la presentación sea un éxito, siempre hay riesgos; jamás dejes solos a los animales sin supervisión alguna, ya que aun teniendo una buena relación, un juego brusco o un movimiento inesperado puede desencadenar una fatalidad (sobre todo para el gato).

Sobre todo, trátales a ambos por igual, dales cariño en exceso y no descuides a ninguno de los dos. Mantenles felices y con sus necesidades cubiertas. Una buena convivencia empieza por la felicidad de cada uno.

La ansiedad por separación es uno de los síndromes más comunes que pueden padecer nuestros animales, y en especial los animales que han sido adoptados. Es una crisis de pánico que sufre el perro, y que no puede controlar, cuando se produce una separación de la figura de apego, es decir, su dueño. Es importante resaltar que no es un problema de educación.

Situaciones más frecuentes que causan ansiedad por separación

  • Aquellos perros que se les deja solos por primera vez estando acostumbrados a la constante compañía humana.
  • En las situaciones durante las cuales el dueño y el perro están siempre juntos durante un intervalo largo de tiempo (vacaciones).
  • Después de un evento traumático para el perro, tal como un periodo de tiempo pasado en un refugio o en una perrera.
  • Después de un cambio en la rutina o estructura de la familia (emancipación de un hijo, un cambio en el horario de trabajo, una mudanza a una casa nueva, o una mascota o persona nueva en la casa).

La ansiedad por separación se suele dar en cachorros, perros tímidos o poco socializados, perros provenientes de perreras, y perros excesivamente dependientes.

¿Cómo evitarla o corregirla?

Hay que ser muy estricto con todas las pautas y no flaquear. Es muy duro, pero es muy importante no ceder si queremos ponerle solución al problema.

  • En primer lugar, hay que elegir un lugar fijo para el perro, en el que ha de permanecer durante nuestras ausencias. Un lugar donde se sienta seguro y protegido, con una cama cómoda. Elegido el lugar, le ordenaremos al perro que se siente y se eche. Cuando lo haga, le daremos un premio. Para que se sienta más tranquilo le podemos dar su juguete favorito o un prenda de ropa nuestra. Es importante que tenga un lugar siempre fijo en la casa, y que lo relacione siempre con experiencias positivas.
  • Aumentar la dosis de ejercicio físico. Un perro cansado estará mucho más tranquilo durante nuestras ausencias.
  • No sirve de nada castigar. Ello puede empeorar el problema.
  • La ansiedad por separación se puede manifestar también por el rascado de puertas y ventanas, al intentar seguir al propietario. Por eso, en la gran mayoría de los casos es eficaz que al empezar el tratamiento, el perro permanezca en una habitación, y no tenga acceso a toda la casa. Porque cuando se quedan solos, suelen deambular de habitación en habitación buscando a su dueño, temblando y gimiendo, lo que les genera más estrés. Una idea para que no arañe las puertas es colocar algunos objetos que les impidan acceder a ellas (sillas, tendedero de la ropa, puertas para niños…).
  • Reducir el estrés que siente el perro en el momento que el dueño sale de casa, y que se acostumbre poco a poco a las ausencias de éste: Un fin de semana, cuando estés en casa, prueba, si tienes tiempo, a ausentarte primero 1 minuto y regresar; luego 5 min y vas aumentando los tiempos paulatinamente. Tiene que saber que, cuando te vas, no se acaba el mundo, y siempre vuelves.
  • Si cuando vuelvas hay destrozos o ha llorado, hay que ignorarlo todo. Ni gestos de complicidad, ni cariño, ni reñirlo, ni ponerse a recoger los destrozos delante del perro. Ignorancia absoluta.
  • Media hora antes de salir de casa, no decirle nada al perro (ni caricias, ni “ahora vuelvo, chico”). Cuando volváis, tampoco nada de fiestas, ni caricias. Ignorancia absoluta. Porque si no, lo que haréis es reforzar la conducta que queréis evitar. Pasada la primera media hora crítica, y esté tranquilo, acariciarlo todo lo que queráis. Esto no disminuirá el afecto que el animal siente por su dueño, pero si su dependencia, lo que le permitirá tolerar mejor vuestra ausencia.
  • A veces los perros pueden manifestar la ansiedad por separación antes de que el dueño se vaya de casa, porque aprenden a asociar determinados actos, como coger las llaves, ponerse el abrigo o los zapatos, con la situación que le crea la ansiedad. Por eso se deben realizar ejercicios como coger el abrigo y ponérselo sin salir de casa, lo mismo con las llaves, etc. Con eso se consigue que la ansiedad no se manifieste antes de la partida de dueño, y eliminar factores desencadenantes.
  • Reduce las dosis de caricias y dáselas cuando tú lo llames y no cuando te las pida. Bajo ningún concepto hay que darles mimos o caricias cuando vienen a pedírtelas (aunque se te rompa el corazón). Has de tener tú la iniciativa. Es decir, rechazar de ahora en adelante todo contacto cuando sea el animal quien inicie el acercamiento.
  • No ha de dormir en la misma habitación que vosotros. No ha de tener contacto visual por la noche con vosotros.
  • Que no coma nada entre horas, ha tener un horario fijo de comidas. Es mejor darle la comida dos o tres veces al día.
  • No permitir que el perro os vaya siguiendo por toda la casa, si lo hace hay que prohibírselo, y darle la orden que se quede en su cama y se mantenga allí.
  • Hay multitud de productos y juguetes que ayudan enormemente a tratar este problema. Por ejemplo, difusores de feromonas o los estupendos juguetes Kong.  

¿Eres el mejor amigo de tu perro? Lo alimentas, lo mimas, lo comprendes mejor que nadie y lo quieres por encima de todo. Claro que sí. Adoras a tu perro y él te adora a ti. Aun así, ser su mejor amigo también implica que seas un propietario responsable.

Cuando el miembro peludo llega a la familia, no solo adquieres una importantísima responsabilidad para con él. También debes ser responsable con el entorno y las personas que te rodean. En definitiva, con la sociedad. Para que la convivencia con tu perro sea absolutamente perfecta, no te olvides del civismo.

Ten a tu perro controlado en cualquier lugar.

Hay mucha gente que no se siente cómoda con los perros; les tienen miedo o, simplemente, no les gustan. Desgraciadamente, propietarios incívicos y perros poco o mal educados pueden hacer que se prohíba la entrada de perros en algunas zonas donde nos gustaría estar con ellos (parques, restaurantes, tiendas…). Si queremos disfrutar de ellas, debemos demostrar a la sociedad que las merecemos.

La correa es tu mejor, más barato y efectivo aliado para evitar situaciones complicadas, o incluso peligrosas, con personas a las que no les gustan los perros, o con otros perros. No vale aquello de: “No te preocupes, no hace nada”, “Es muy bueno”, “Sólo quiere jugar”, etc. A la persona que no le gustan los perros, no le importan este tipo de afirmaciones. Incluso puede entrar en pánico y agredir a tu compañero, creando una situación incómoda y, en ocasiones, peligrosa para todos.

Es muy importante tener en cuenta que un perro atado puede reaccionar de forma agresiva si se le acerca un perro que va suelto (aunque este último “no haga nunca nada”). Es muy posible que ese perro vaya atado debido a algún problema de comportamiento, y si se enzarzan en una pelea, la culpa la tendrá el propietario que lleva a su perro sin correa.

Si lo sueltas en un lugar habilitado a tal fin, los llamados pipican, no descuides a tu perro por mucha seguridad que tenga el parque. Es común ver a propietarios que dejan a sus perros en el pipican y se van al bar del parque, o se ponen a charlar entre ellos descuidando por completo al animal. Los pipicanes son lugares donde hay muchos perros, cada uno con su carácter y educación, y es normal que a veces surjan diferencias entre ellos. Ten a tu perro siempre vigilado para anticiparte a situaciones de tensión.

Recoge sus excrementos.

Siempre debemos recoger los excrementos de nuestro perro. No vale eso de “es que no me he dado cuenta”. Aparte de ser un comportamiento que puede acarrear cuantiosas multas, es totalmente incívico, repugnante y desconsiderado con los demás.

Si vives en una comunidad de vecinos, vigila los ladridos.

Los perros ladran por muchas razones, pero es nuestra responsabilidad controlar su ladrido como parte muy importante de una tenencia responsable.

Pregunta a los vecinos si ladra cuando se queda solo. Así evitaremos denuncias y problemas con ellos. Este tipo de problemas son los que hacen que las comunidades de vecinos sean reacias a que se tengan perros en los pisos.

Si tu perro ladra en exceso cuando lo dejas solo o sufre ansiedad por separación, consulta con un profesional para poner remedio lo antes posible. Si tienes jardín y tu perro ladra cada vez que pasa alguien por la calle, trata de evitar que tenga acceso visual a lo que ocurre en ella. En general, evita cualquier estímulo que desencadene el ladrido del perro. Si esto ocurre y estás en casa, trata de desviar su atención hacia otra actividad. Si cuando ladra le gritas ¡CÁLLATE!, tu perro pensará: “¡Qué bien, ahora todos ladramos!”

Edúcale.

Sabemos que quieres a tu perro como un miembro más de la familia, pero quererlo no significa que pueda hacer lo que quiera. Los perros deben tener reglas y límites. En casa y fuera de ella.

Educar a nuestro perro nos permitirá disfrutar de una mejor relación con él y nos ganaremos el respeto de los demás. Y sí, es necesario invertir tiempo y esfuerzo, pero valdrá mucho la pena. Tal y como sucede con los niños, los perros no nacen enseñados ni educados. Su educación es nuestra responsabilidad. Dependen de nosotros. Detrás de un perro bien educado, hay un dueño feliz. Y tras él, un perro feliz.


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